martes, 24 de noviembre de 2009

INTELIGENCIA EMOCIONAL Y DEPRESIÓN

Goleman (1995) se refiere a la inteligencia emocional ampliando la estrecha visión de la inteligencia, que considera que el coeficiente intelectual ante todo tiene una base genética que no puede ser modificada por la experiencia vital y que esas actitudes rigen nuestras vidas.

En la inteligencia emocional se encuentran las habilidades que incluyen el autodominio, la persistencia y la capacidad de motivarse uno mismo. Goleman plantea que estas habilidades pueden enseñarse a los niños, dándoles mejores posibilidades de utilizar el potencial intelectual que la naturaleza le ha dado.

Vivimos una época turbulenta donde la sociedad se desestructura y donde la calidad de vida comunitaria se alteran por el egoísmo, la violencia y la pobreza espiritual. Para Goleman la importancia de la inteligencia emocional gira en torno a la relación existente entre sentimientos, carácter e instintos morales. Las posturas éticas que tenemos los seres humanos surgen de nuestras capacidades emocionales.

Las personas que se encuentran a merced del impulso, que carecen de autodominio. Presentan una deficiencia moral. La capacidad de dominar el impulso es la vase de la voluntad y el carácter. La raíz del altruismo se encuentra en la empatía: la capacidad de interpretar las emociones de los otros y de tenerlo en cuenta.

Si no se tiene la necesidad o la desesperación del otro, no existe preocupación (Goleman, 1995). En nuestras decisiones y acciones los sentimientos cuentan tanto como el pensamiento y generalmente más.

Goleman plantea que la inteligencia emocional incluye habilidades tales como ser capaces de motivarse y persistir frente a las decepciones; controlar el impulso y demorar la gratificación, regular el humor y evitar que los trastornos disminuyan la capacidad de pensar: mostrar empatía y abrigar esperanzas.

Para Goleman, las emociones son impulsos que llevan a la acción y a planes instantáneos para enfrentarnos a la vida. Así estudia la manera como cada emoción prepara al organismo para una respuesta distinta. Sin embargo, las tendencias biológicas a actuar están moldeadas por la experiencia de vida y de la cultura.

La vida mental está constituida por la mente racional y la mente emocional, que son dos formas diferentes de conocimiento que interactúan. La racional incluye conciencia, reflexión, análisis y meditación. La emocional incluye los impulsos. Los sentimientos son básicos Para el pensamiento y el pensamiento lo es para el sentimiento.

Los dos se encuentran en constante tensión. Los sentimientos fuertes pueden hacer estragos en el pensamiento o razonamiento, la falta de conciencia de los sentimientos también puede ser nefasta, sobre todo cuando se trata de decisiones de las que depende el futuro.

JOSE MANUEL SANCHEZ BARRANCO

PSICOLOGO, PSICOPEDAGOGO, PEDAGOGO Y ESCRITOR

ESTADOS EMOCIONALES Y RESPUESTAS DEL ORGANISMO

Siguiendo con la temática de la depresión, veamos algunos estados emocionales y la forma en que disponen al organismo para un tipo de respuesta particular.

  1. La ira. Con ella la sangre fluye a las manos, el ritmo cardíaco se eleva y hay un aumento de hormonas, como la adrenalina, generando un ritmo de energía fuerte que lleva a una acción vigorosa. La ira es el estado de ánimo más difícil de dominar. Generalmente coexisten una serie de pensamientos airados que agudizan la ira. Revisar la manera como se han estructurado tales pensamientos y revalorarlos ayuda a manejar la ira.
  2. El miedo. Cuando hay miedo la sangre va a los músculos esqueléticos grandes, como los de las piernas, resultando así más fácil huir, el rostro queda pálido porque la sangre deja de circular por él. El cuerpo se congela por instantes, quizá permitiendo al cuerpo determinar si es mejor esconderse. La reacción de miedo, preocupación o ansiedad prepara ante la amenaza; la tarea de la preocupación es la de lograr soluciones positivas con respecto a los peligros de la vida. Surgen dificultades cuando las preocupaciones son crónicas y repetitivas y no llevan a una solución positiva. En el caso de la depresión la preocupación se puede centrar en los sentimientos pesimistas hacia el futuro.
  3. La felicidad. Con la felicidad se da un aumento de la actividad en un centro nervioso que inhibe los sentimientos negativos y favorece así, un aumento de la energía disponible. Así disminuyen aquellos que generan pensamientos de preocupación.
  4. El amor. Sentimientos como ternura y satisfacción sexual producen reacciones para simpáticas que generan un estado general de calma y satisfacción, lo que facilita la cooperación.
  5. La sorpresa. El gesto de levantar las cejas permite mayor alcance visual y así llega más luz a loa retina. Ello ofrece mayor información sobre la situación inesperada para distinguir más fácilmente lo que está ocurriendo y diseñar un plan de acción.
  6. El disgusto.- La expresión fácil sugiere un intento de bloquear las fosas nasales para evitar un olor nocivo o escupir un alimento perjudicial.
  7. La tristeza. Ayuda a adaptarse a una pérdida afectiva o simbólica significativa.

Estas tendencias biológicas a responder están relacionadas con nuestra experiencia de vida, cultura, es decir con los diferentes entornos que componen la multiplicidad de sistemas que influyen en el desarrollo de la persona.

La mente emocional y la mente racional son dos formas básicamente diferentes de conocimiento que interactúan para construir nuestra vida mental. La mente racional es la manera de comprensión de la que somos típicamente conscientes, mas consciente, reflexiva, capaz de analizar y meditar.

Los trastornos emocionales pueden interferir nuestra mente. Una señal de que los sentimientos han cambiado a lo patológico es que son inoportunos de tal modo que anulan cualquier otro pensamiento e interfieren continuamente los esfuerzos por prestar atención a cualquier otra tarea. Para las personas deprimidas los pensamiento de desesperanza, autocompasión, inquietud e impotencia ANULAN A TODOS LOS DEMÁS.

viernes, 20 de noviembre de 2009

DEPRESIÓN MAYOR

Cuando alguien presenta un estado depresivo mayor se puede identificar porque algo no funciona bien. Se identifica un estado de ánimo deprimido, pérdida de interés o placer por las actividades ordinarias durante un periodo mínimo de dos semanas. Existe evidencia para considerar que el desorden depresivo mayor tiene patrones genéticos y familiares.

Según plantea Crespo (2000), el trastorno depresivo mayor es uno de los trastornos psiquiátricos más frecuentes. Su prevalencia en la población general varía entre el 5 y el 10 por ciento para las mujeres y entre el 2 y el 3 por ciento para los hombres. Así, las mujeres tienen mayor riesgo de presentar depresión mayor.

Los porcentajes de prevalencia al parecer no se relacionan con nivel socioeconómico, raza, estado civil o nivel de estudios. Hay otros factores que predisponen a una depresión mayor como la existencia de antecedentes familiares de depresión, alcoholismo; pérdida parental antes de los 13 años de edad y la presencia de un grado elevado de estrés psicosocial. (Smith, Weissman, 1991).

La depresión mayor puede comenzar a cualquier edad, aunque el promedio se sitúa entre los 27 y los 40 años de edad.

Dentro de los criterios formales para el diagnóstico se tiene en consideración de que vaya acompañado por al menos cuatro de los síntomas que a continuación relaciono:

  1. Estado de ánimo depresivo (o irritable) la mayor parte del día.
  2. Pérdida o disminución importante del interés y del placer.
  3. Cambio significativo del apetito con una pérdida o aumento de peso.
  4. Cambio significativo del sueño con insomnio o hipersomnio.
  5. Cambio en el nivel de actividad psicomotriz con agitación o enlentecimiento.
  6. Dolores de cabeza; dolores musculares.
  7. Fatiga o pérdida de energía.
  8. Sentimientos de inutilidad o culpa excesivas o inapropiadas.
  9. Disminución de la autoestima y de la confianza en sí mismo.

10. Dificultad para concentrarse y para tomar decisiones.

11. Visión pesimista del futuro.

12. Frecuentes pensamientos de muerte o suicidio.

Es importante tener en cuenta que los síntomas mencionados no respondan a efectos directos de un medicamento, del alcohol o drogas, de un estado físico, ni a un proceso de duelo normal. Una situación de estrés puede inducir un episodio de depresión mayor, en las personas propensas a ello, pero en muchas ocasiones éstos nbo necesariamente están asociados a un evento externo que lo precipite.

La dificultad de mejoría se asocia con: la existencia de un tratamiento inadecuado; presencia de síntomas iniciales severos; edad temprana de aparición; mayor número de episodios previos; presencia de otros desórdenes mentales o dependencia de sustancias psicoactivas; enfermedad crónica severa y disfunción familiar.

La probabilidad de que se vuelva a presentar una depresión mayor en el transcurso de la vida, es alta y el riesgo de presentar nuevos episodios aumenta a medida que éstas se producen, siendo muy variable el patrón de reaparición.

JOSE MANUEL SANCHEZ BARRANCO

PSICOLOGO, PSICOPEDAGOGO, PEDA

EL DUELO Y SUS REACCIONES EMOCIONALES

“La oscuridad se propaga a la velocidad de la luz: un amor se expande en el vacía”.

/En el punto de no retorno. María Mercedes Lafaurie)

Etimológicamente duelo significa dolor y también desafío o combate entre dos.

El duelo es una reacción normal ante una pérdida de un ser querido u objeto amado, es una experiencia que forma parte de la existencia. Freud plantea que el duelo es un proceso normal y tiende a evolucionar de manera favorable por sí solo, sin necesitar intervención terapéutica.

De acuerdo a la teoría de Bowlby los vínculos se establecen y se desarrollan desde etapas tempranas en la vida y tienden a durar a través del ciclo vital, surgiendo básicamente como respuesta a la necesidad de seguridad. Describe las conductas de apego como aquellas que fortalecen el vínculo y preservan la cercanía o proximidad de la persona necesitada. Por tanto las figuras parentales juegan un papel importante en la seguridad a partir de la cual, exploramos el mundo y son esas relaciones las que determinan nuestra capacidad ulterior de establecer vínculo de afecto.

Jaramillo (1992) plantea que todo logro también conlleva una pérdida o renuncia y viceversa. Para poder crecer emocionalmente, debemos dejar atrás roles, actitudes, ilusiones, identidades o conductas que corresponden a una etapa y reemplazarlos por otros. Todo ello conlleva duelos como respuesta, y muchas veces no somos conscientes de ellos desconociendo así el origen de sentimientos de tristeza y dolor que con frecuencia surgen en nuestras vidas. Incluso acontecimientos que en apariencia son felices se acompañan de cierta tristeza inexplicable.

Una pérdida física va acompañada de pérdidas simbólicas, por ejemplo, una discapacidad puede generar pérdidas simbólicas como pérdidas de autonomía, sensación de vulnerabilidad, baja autoestima, etc.

El duelo es un proceso transitorio. Durante el proceso de elaboración la persona se adapta al cambio que implica la pérdida de una persona querida y acepta el significado de tal pérdida. Esta crisis vital nos pone a prueba nuestra estabilidad emocional.

JOSE MANUEL SANCHEZ BARRANCO

PSICOLOGO, PSICOPEDAGOGO, PEDAGOGO Y ESCRITOR

jueves, 19 de noviembre de 2009

FACTORES DESENCADENANTES DE LA DEPRESIÓN

Existe el mito de que la depresión es el resultado de la debilidad de carácter, de que es algo de lo que uno puede liberarse con sólo intentarlo un poco.

Todos recibimos con frecuencia golpes que afectan nuestra seguridad o autoestima y pueden deprimirnos. Algunas situaciones como la pérdidas afectivas pueden contribuir a generar depresión. Igualmente el duelo generado por una pérdida real o una pérdida simbólica; la pérdida puede ser actual o de larga data. Pero la depresión supone también la alteración de un estado químico del cerebro.

En el pasado, hemos llegado a entender que el origen de la depresión no es unívoco, es decir que sólo un aspecto etiológico actúe provocando au aparición. Se evidencia que en la depresión están involucrados aspectos biológicos, factores genéticos, personales y ambientales y su interrelación interviene potencialmente para desatar o alterar el curso o la severidad de la enfermedad.

En lo que a las causas se refiere, recientes estudios han mostrado que tanto los factores genéticos como el estrés juegan un papel importante en la depresión mayor. Se ha observado que en los primeros dos episodios el estrés es un desencadenante en la aparición de la depresión y los factores genéticos y el temperamento parecen jugar el mayor papel en la aparición de episodios posteriores. Evidentemente el estrés puede contribuir a la aparición, pero una vez instaurada la enfermedad, ésta toma su propio curso, así el elemento de estrés haya desaparecido.

La depresión ocurre en un contexto determinado cuando una persona susceptible o vulnerable se encuentra en una situación deprimente. Por tanto se debe enfocar la atención no solamente al proceso bioquímico y al repertorio de reacciones de la persona deprimida sino también al sistema que fomenta la depresión. Los síntomas de la depresión tienen un mecanismo bioquímico asociado, pero ello no quiere decir que esa sea la causa.

El riesgo a la depresión aumenta, cuando la gente siente una brecha entre lo que espera y lo que llega a obtener. Cuando las expectativas no se cumplen tienden a producir decepción, frustración, pérdida de autoestima, y algunas veces depresión.

Sien embargo, aquellos que consiguen obtener éxito no quedan inmunes a la depresión. En las situaciones actuales que originan presión, el precio emocional para el éxito puede ser también muy alto. Y recordemos, muy frecuentemente la depresión no tiene dispositivos discernibles.

Algunas personas tienen un alto riesgo en comparación con otras. Algunas circunstancias como las pérdidas de los padres y privaciones en general en la niñez, pueden aumentar la vulnerabilidad para presentar depresión posteriormente.

JOSE MANUEL SANCHEZ BARRANCO

PSICOLOGO, PSICOPEDAGOGO, PEDAGOGO Y ESCRITOR

LA PÉRDIDA DEL AMOR

El trauma específico que predispone a un individuo a la depresión es la pérdida de amor. Todos necesitamos algún vínculo afectivo para sostener la excitabilidad de nuestros cuerpos.

La causa básica de la depresión es la inhibición de los propios sentimientos de temor, tristeza, ira. La supresión de éstos y la tensión que ello genera reducen la motilidad del cuerpo, dando origen a la reducción de la vitalidad.

El verdadero amor no puede adquirirse ni ganarse a partir de la determinación, la ilusión se derrumba tarde o temprano y la persona se deprime.

La persona deprimida vive en función del pasado y con la correspondiente negación del presente. No se da cuenta de que está viviendo en el pasado, porque también está viviendo el futuro, tan irreal como lo era el pasado mismo. Esta irrealidad se manifiesta claramente en el grado que ha perdido contacto con su cuerpo. Presenta ausencia de autopercepción, no se da cuenta de que su rigidez muscular es la que le impide moverse como persona en el presente. No siente las alteraciones de su funcionamiento corporal, ni su falta de motilidad ni su respiración restringida. Para ella la vida de su cuerpo, que es la vida en el presente, es irrelevante, porque sus ojos están puestos en una meta futura que considera lo único importante. Quizás a ello se debe que la depresión sea casi normal hoy día.

La persona piensa que la depresión se debe más al derrumbamiento de su voluntad que al agotamiento físico. Por esta razón lo que más preocupa al individuo atrapado por el mecanismo depresivo es intentar restablecer el poder de su voluntad e aspira conseguir su objetivo incluso a expensas de la necesidad del cuerpo de recuperar y restablecer su energía. Por supuesto que esta actitud retrasa la recuperación; pero, considerada de un modo más profundo, es de esa ilusión, de esa intención, de donde se deriva el proceso depresivo.

JOSE MANUEL SANCHEZ BARRANCO

PSICOLOGO, PSICOPEDAGOGO, PEDAGOGO Y ESCRITOR

La Fuerza De La Voluntad

La voluntad es un mecanismo de emergencia que tiene un gran valor de supervivencia, pero ningún valor de placer. Normalmente el cuerpo funciona por su innata fuerza vital y no por los golpes de voluntad. El deprimido ha socavado la fuerza vital del cuerpo por la voluntad y la supresión del sentimiento en aras de una imagen del Yo.

La persona autodirigida tiene un fuerte y profundo sentido del Yo. Su personalidad tiene estabilidad interna y descansa en la firme base de la autoconciencia y auto-aceptación, tiene fe en sí misma y es independiente. Posee una confianza básica arraigada en su cuerpo, a diferencia de las personas dirigidas desde afuera que demuestran una fuerte tendencia a la dependencia y necesitan a otros para apoyarse emocionalmente. Al perder este soporte la persona se deprime, indicando claramente que no está viviendo con los pies en la tierra. Es señal que carece de fe en sí mismo, que ha sacrificado su independencia a cambio de la promesa de satisfacciones por parte de los demás.

Cuando las personas tienen altibajos, indica bioenergéticamente que han perdido la sensación de que sus pies descansan en tierra firme, y de que no están enraizados en la realidad.

La reacción depresiva inmoviliza a la persona. No tiene la energía para continuar con sus actividades acostumbradas. Lo inunda un sentimiento de desesperanza que lo inmoviliza hasta expresar sus sentimientos.

Para Lowen el único tratamiento verdadero de la depresión consiste en una mayor adaptación a los aspectos negativos de la propia vida y también a ampliar el significado de la vida aumentando el placer de vivir. El enfoque básico, tanto en su parte física como psicológica consiste en el trabajo físico que implica la movilización de emociones a través de la respiración, el movimiento y el sonido. La finalidad del trabajo psicológico es conseguir que el paciente comprenda su condición, su significado y su origen.

Lo más importante en el tratamiento está dado por el enraizamiento en la realidad, en el cuerpo y en la propia sexualidad. Este último presenta más dificultad, porque es el más profundamente reprimido. Cuando la persona está en contacto con su cuerpo logra aceptar sus sentimientos como expresión de su personalidad y no tiene dificultades para manifestarlos. La activación de la respiración y el movimiento ayudan a la persona a ponerse en contacto con su cuerpo, de tal modo que experimentará su dolor y frustración y esto llevará a que pueda llorar y expresar su tristeza por haber vivido de una ilusión.

El trabajo sobre la persona como una totalidad hará posible enfrentar y asumir la depresión.

JOSE MANUEL SANCHEZ BARRANCO

PSICOLOGO, PSICOPEDAGOGO, PEDAGOGO Y ESCRITOR

Afectacion Del Estado Nutricional En La Enfermedad Del Sida

La Intervención Dietética en la Fase Asintomática

El tratamiento nutricional es fundamental para optimizar la calidad de vida de las personas con SIDA.

La desnutrición de la persona con SIDA, una de las principales causas de muerte, es una enfermedad agregada que empeora la evolución del SIDA al provocar una disminución importante de las defensas y aumentar el riesgo de mayores infecciones.

El SIDA es la enfermedad de aparición no inmediata, presentándose en un período que varía entre los 2 y 10 años tras la infección por el VIH. El período de tiempo que transcurre entre la infección y la aparición de síntomas se denomina fase asintomática.

La fase asintomática se caracteriza por no presentar síntomas evidentes y característicos de la enfermedad. No obstante, esta fase no está carente de otros problemas que si bien no se consideran síntomas claros de SIDA, sí que ocasionan molestias y complicaciones. Los trastornos más típicos de esta fase son los emocionales, los derivados de la medicación y los nutricionales.

  1. Trastornos emocionales: estas alteraciones pueden causar principalmente molestias gastrointestinales, estrés, dolores de cabeza, infecciones respiratorias y síndromes febriles.
  2. Los trastornos debidos a la medicación varían en función del tratamiento aplicado.
  3. Trastornos nutricionales: la malnutrición es uno de los primeros efectos que aparecen en los infectados por el VIH.

La desnutrición está directamente relacionada con un descenso de la inmunidad y con una mayor probabilidad de aparición de la infección, por lo que es fundamental conseguir una buena nutrición para retrasar en la medida de los posible la aparición de la enfermedad y conseguir una buena calidad de vida.

Se ha comprobado en un estudio de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins, que las personas afectadas por el VIH experimentan una pérdida de peso equivalente al 10% de su peso corporal habitual durante el período de tiempo comprendido entre los 3 y 9 meses anteriores a la aparición sintomática del SIDA. También se ha comprobado que las personas que pierden ese 10% de peso tienen hasta un 50% más de posibilidades de morir antes que aquellos que mantienen su peso.

Aunque durante esta fase no se hayan presentado los síntomas es fundamental realizar una nutrición adecuada para asegurar una buena actuación. La intervención dietética no se debe concebir sencillamente como una dieta a seguir, sino como un proceso con unos objetivos prefijados que incluyan la atención humana y un cuidadoso plan de aprendizaje por parte de la persona.

Los objetivos de la intervención dietética en la fase asintomática pueden resumirse en replantear la alimentación de la persona infectada, ya que suele ser incorrecta, y en conseguir que siga una alimentación equilibrada. Aun así, estos objetivos se pueden desglosar en varios puntos:

  • Proporcionar una educación nutricional adecuada para que la persona infectada conozca sus requerimientos dietéticos y cómo cubrirlos.
  • Asegurar que el individuo tenga el aporte nutritivo más ajustado a sus necesidades reales.
  • Favorecer la asimilación de nutrientes.
  • Evitar infecciones a través de alimentos contaminados.
  • Intentar conseguir un buen nivel de calidad de vida e integrar a la persona en la sociedad de forma activa.

La consecución de cada uno de estos objetivos está directamente relacionada con los otros puntos.


JOSE MANUEL SANCHEZ BARRANCO

PSICOLOGO, PSICOPEDAGOGO, PEDAGOGO Y ESCRITOR

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