Cuando alguien presenta un estado depresivo mayor se puede identificar porque algo no funciona bien. Se identifica un estado de ánimo deprimido, pérdida de interés o placer por las actividades ordinarias durante un periodo mínimo de dos semanas. Existe evidencia para considerar que el desorden depresivo mayor tiene patrones genéticos y familiares.
Según plantea Crespo (2000), el trastorno depresivo mayor es uno de los trastornos psiquiátricos más frecuentes. Su prevalencia en la población general varía entre el 5 y el 10 por ciento para las mujeres y entre el 2 y el 3 por ciento para los hombres. Así, las mujeres tienen mayor riesgo de presentar depresión mayor.
Los porcentajes de prevalencia al parecer no se relacionan con nivel socioeconómico, raza, estado civil o nivel de estudios. Hay otros factores que predisponen a una depresión mayor como la existencia de antecedentes familiares de depresión, alcoholismo; pérdida parental antes de los 13 años de edad y la presencia de un grado elevado de estrés psicosocial. (Smith, Weissman, 1991).
La depresión mayor puede comenzar a cualquier edad, aunque el promedio se sitúa entre los 27 y los 40 años de edad.
Dentro de los criterios formales para el diagnóstico se tiene en consideración de que vaya acompañado por al menos cuatro de los síntomas que a continuación relaciono:
- Estado de ánimo depresivo (o irritable) la mayor parte del día.
- Pérdida o disminución importante del interés y del placer.
- Cambio significativo del apetito con una pérdida o aumento de peso.
- Cambio significativo del sueño con insomnio o hipersomnio.
- Cambio en el nivel de actividad psicomotriz con agitación o enlentecimiento.
- Dolores de cabeza; dolores musculares.
- Fatiga o pérdida de energía.
- Sentimientos de inutilidad o culpa excesivas o inapropiadas.
- Disminución de la autoestima y de la confianza en sí mismo.
10. Dificultad para concentrarse y para tomar decisiones.
11. Visión pesimista del futuro.
12. Frecuentes pensamientos de muerte o suicidio.
Es importante tener en cuenta que los síntomas mencionados no respondan a efectos directos de un medicamento, del alcohol o drogas, de un estado físico, ni a un proceso de duelo normal. Una situación de estrés puede inducir un episodio de depresión mayor, en las personas propensas a ello, pero en muchas ocasiones éstos nbo necesariamente están asociados a un evento externo que lo precipite.
La dificultad de mejoría se asocia con: la existencia de un tratamiento inadecuado; presencia de síntomas iniciales severos; edad temprana de aparición; mayor número de episodios previos; presencia de otros desórdenes mentales o dependencia de sustancias psicoactivas; enfermedad crónica severa y disfunción familiar.
La probabilidad de que se vuelva a presentar una depresión mayor en el transcurso de la vida, es alta y el riesgo de presentar nuevos episodios aumenta a medida que éstas se producen, siendo muy variable el patrón de reaparición.
JOSE MANUEL SANCHEZ BARRANCO
PSICOLOGO, PSICOPEDAGOGO, PEDA
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