La voluntad es un mecanismo de emergencia que tiene un gran valor de supervivencia, pero ningún valor de placer. Normalmente el cuerpo funciona por su innata fuerza vital y no por los golpes de voluntad. El deprimido ha socavado la fuerza vital del cuerpo por la voluntad y la supresión del sentimiento en aras de una imagen del Yo.
La persona autodirigida tiene un fuerte y profundo sentido del Yo. Su personalidad tiene estabilidad interna y descansa en la firme base de la autoconciencia y auto-aceptación, tiene fe en sí misma y es independiente. Posee una confianza básica arraigada en su cuerpo, a diferencia de las personas dirigidas desde afuera que demuestran una fuerte tendencia a la dependencia y necesitan a otros para apoyarse emocionalmente. Al perder este soporte la persona se deprime, indicando claramente que no está viviendo con los pies en la tierra. Es señal que carece de fe en sí mismo, que ha sacrificado su independencia a cambio de la promesa de satisfacciones por parte de los demás.
Cuando las personas tienen altibajos, indica bioenergéticamente que han perdido la sensación de que sus pies descansan en tierra firme, y de que no están enraizados en la realidad.
La reacción depresiva inmoviliza a la persona. No tiene la energía para continuar con sus actividades acostumbradas. Lo inunda un sentimiento de desesperanza que lo inmoviliza hasta expresar sus sentimientos.
Para Lowen el único tratamiento verdadero de la depresión consiste en una mayor adaptación a los aspectos negativos de la propia vida y también a ampliar el significado de la vida aumentando el placer de vivir. El enfoque básico, tanto en su parte física como psicológica consiste en el trabajo físico que implica la movilización de emociones a través de la respiración, el movimiento y el sonido. La finalidad del trabajo psicológico es conseguir que el paciente comprenda su condición, su significado y su origen.
Lo más importante en el tratamiento está dado por el enraizamiento en la realidad, en el cuerpo y en la propia sexualidad. Este último presenta más dificultad, porque es el más profundamente reprimido. Cuando la persona está en contacto con su cuerpo logra aceptar sus sentimientos como expresión de su personalidad y no tiene dificultades para manifestarlos. La activación de la respiración y el movimiento ayudan a la persona a ponerse en contacto con su cuerpo, de tal modo que experimentará su dolor y frustración y esto llevará a que pueda llorar y expresar su tristeza por haber vivido de una ilusión.
El trabajo sobre la persona como una totalidad hará posible enfrentar y asumir la depresión.
JOSE MANUEL SANCHEZ BARRANCO
PSICOLOGO, PSICOPEDAGOGO, PEDAGOGO Y ESCRITOR
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